An executive perspective on risk and fraud

HSBC’s global risk chief operating officer discusses where the banking industry is heading

El fraude —y la delincuencia financiera en general— es uno de los mayores riesgos a los que se enfrentan los bancos y las instituciones financieras. Durante muchos años, se ha hablado acerca de aunar las prácticas de riesgo y fraude para lograr una perspectiva más clara de ambos. Actualmente, con la popularidad de las iniciativas destinadas a ampliar el conocimiento de los clientes, esta visión incluye más datos de los consumidores para ayudar a minimizar los riesgos y mejorar la identificación de las amenazas. 

Enfrentarse a los delitos financieros y calcular las probabilidades de riesgos inesperados puede resultar increíblemente complicado. Cuanto mayores sean los volúmenes de información y análisis a los que se pueda recurrir para afrontar el problema, mejor. No obstante, la incorporación de datos del cliente a los modelos de riesgo y fraude introduce requisitos normativos y de seguridad que no pueden ignorarse.

En HSBC, el segundo banco más grande del mundo, una sofisticada gestión de datos y técnicas analíticas se suman a una gran experiencia en el sector para contribuir a superar muchos de estos desafíos. Ray O’Brien, director de operaciones de riesgo global en HSBC, supervisa la estrategia analítica para las áreas de, riesgos asociados a la aplicación de modelos, informes de riesgo de crédito y prevención de delitos financieros.

Recientemente, nos reunimos con O’Brien para conocer su opinión acerca de la naturaleza en evolución del riego y el fraude; y de los beneficios de aplicar el análisis a estos problemas en un entorno cambiante en el que la normativa bancaria y las expectativas del cliente continúan evolucionando.

Esto significa que, de hacerlo bien, la gestión activa de los riesgos ayudará realmente a gestionar el reto que suponen los cambios en las normativas.

Ray O'Brien
Director de operaciones de riesgo global, HSBC

¿Cuáles son los desafíos más urgentes que ve en su sector, sobre todo con respecto a la inteligencia financiera?

Ray O’Brien: El principal desafío para el sector —en términos de lucha contra la delincuencia financiera— es que las amenazas a las que nos enfrentamos se vuelven cada vez más globales y sofisticadas. Los delincuentes resisten mucho y, a menudo, tienen complejas redes que abarcan todo el mundo. Esto requiere una respuesta sofisticada del sector financiero que tenga un carácter holístico en términos de personas, procedimientos y sistemas, para que podamos desempeñar nuestro papel como participantes activos en la lucha contra la delincuencia. Invertir en inteligencia financiera, entender el riesgo en mayor detalle y lograr una visión más clara de cómo operan los delincuentes constituirán acciones esenciales para poder combatir esta amenaza.

¿Cómo ayuda el análisis a hacer frente a estos retos?

O’Brien: El análisis permite a los bancos desarrollar una perspectiva completa de cómo los delincuentes buscan abusar del sistema financiero. Por ejemplo, en lugar de tratar a un cliente o a una operación sospechosos de manera aislada, las nuevas herramientas facilitan identificar la conexión entre cuentas sospechosas dentro de una red y ver cómo el dinero fluye entre esta y otras redes. Esto proporciona una información valiosa para las decisiones de gestión de riesgos actuales y futuras.

El análisis también permite a los bancos probar sus propios supuestos sobre lo que se considera un riesgo elevado para proporcionarles una visión bien fundada de dónde se localizan sus verdaderas áreas de riesgo. Los nuevos modelos pueden identificar también patrones de comportamiento y posibles incidentes antes, lo que permite a los bancos ser más proactivos en la gestión de riesgos.

¿Hasta qué punto ve el fraude y la delincuencia financiera como un problema técnico con una solución técnica?

O’Brien: Unos sistemas y una tecnología robustos son parte fundamental de las defensas de cualquier banco contra el fraude y el delito financiero. A medida que esta tecnología se hace más sofisticada, se vuelve una herramienta mucho más potente y efectiva para ayudarnos a identificar actividades inusuales o sospechosas. No obstante, el factor humano es esencial. Digamos simplemente que se puede tener la mejor plataforma tecnológica del mundo, pero que, lejos de ayudar, puede resultar contraproducente sin la participación de profesionales que optimicen su funcionamiento respecto a los riesgos específicos de la compañía, interpreten los datos y recurran a su criterio para analizar el riesgo.

Un mayor conocimiento de los clientes

Los bancos adoptan las políticas que abogan por un mayor conocimiento de los clientes para verificar y proteger la identidad de estos. Estas políticas se subordinan a normativas en muchos países y están diseñadas para beneficiar tanto al cliente como al banco, protegiéndolos del robo de identidad, del fraude financiero, del blanqueo de capitales, de la financiación del terrorismo y de otros delitos financieros.

Estas políticas pueden incluir la correspondencia de nombres, el análisis de información de identidad básica, la determinación de los niveles de riesgo del cliente y la relación de las actividades de este con el comportamiento esperado. Estos esfuerzos son empleados globalmente para ayudar a los bancos a gestionar los riesgos y ayudar a los clientes a asegurarse de que sus cuentas no se ven comprometidas.

¿Cómo se pueden aprovechar los sistemas de análisis de clientes para ayudar a prevenir el fraude y la delincuencia financiera?

O’Brien: La elaboración de unos análisis más inteligentes de múltiples fuentes de datos resulta absolutamente vital, sobre todo porque la banca digital sigue evolucionando. Esto ayudará a los bancos a distinguir mejor las transacciones o relaciones legítimas de las sospechosas y mitigar los riesgos con una comprensión mucho más precisa de las pérdidas y del impacto en los clientes. Además de la destreza analítica de las personas implicadas en todo este proceso, la clave es la calidad y la variedad de los datos de clientes que pueden procesar los equipos y motores analíticos.

¿Cómo pueden los bancos combatir el fraude y los delitos financieros a escala mundial dentro de un marco normativo en el que los datos de los clientes deban almacenarse localmente?

O’Brien: El intercambio de información entre los bancos y los organismos públicos —incluso más allá de las fronteras nacionales— plantean algunos retos para el sector. Los requisitos varían entre jurisdicciones, por lo que una organización global tiene que trabajar muy de cerca con el departamento jurídico para entender las exigencias locales. En ciertas jurisdicciones, hay más predisposición a compartir información con el fin de proteger a la sociedad a través de la prevención y detección de los delitos.

Por ejemplo, HSBC se ha unido recientemente, junto a otras entidades del sector y al gobierno del Reino Unido, a la Joint Money Laundering Intelligence Taskforce (grupo de inteligencia unido contra el blanqueo de capitales), un proyecto piloto de 12 meses que congrega a bancos, departamentos de seguridad y organismos reguladores. Como elemento central de este proyecto, encontramos un grupo de operaciones —bajo el mando de la National Crime Agency (Agencia Nacional Contra el Crimen) del Reino Unido— que reunirá y analizará los datos de los miembros para elaborar un panorama general de cómo actúan los delincuentes y la amenaza que representan. Esto permitirá una respuesta más específica ante sospechosos y riesgos potenciales.

¿Podría resumir la diferencia entre la gestión proactiva del riesgo y la mera gestión de las normativas?

O’Brien: La gestión proactiva del riesgo y la gestión del impacto de los cambios de las normativas no deberían contraponerse. La gestión activa de los riesgos implica la acción conjunta de todas las partes de una organización para lograr una visión de futuro respecto a los riesgos a los que se enfrenta, de manera que pueda poner en marcha los controles adecuados. Esto es exactamente lo que las entidades reguladoras quieren ver en nuestro sector. Esto significa que, de hacerlo bien, la gestión activa de los riesgos ayudará realmente a gestionar el riesgo derivado de los cambios en las normativas.

Si vamos un poco más allá, ¿cómo puede la gestión del riesgo o del fraude contribuir a crear oportunidades y no solamente a evitar consecuencias negativas?

O’Brien: Una comprensión matizada del riesgo puede dar paso a oportunidades comerciales que podrían no haberse considerado anteriormente. Lo que queremos evitar es el riesgo que no se gestiona correctamente. En última instancia, adoptar una decidida filosofía de gestión de riesgos —basada en sistemas sólidos y personas capacitadas con buen criterio— implica que se puede tener más confianza en la asunción de riesgos que no pueden contemplarse desde una óptica de «blanco o negro».

¿Cuál cree que será el futuro de los servicios bancarios o financieros entre los próximos tres y cinco años? ¿Cómo contribuirá la inteligencia financiera a esa visión?

O’Brien: El sector financiero se enfrenta a un entorno operativo desafiante con fuertes y, a veces, conflictivas demandas de clientes, empleados, accionistas, entidades reguladoras y de la sociedad. Existe también otra serie de sectores, como el del comercio minorista y el comercio electrónico, que hacen un uso particularmente bueno de los datos y de los análisis. El sector de los servicios financieros podría aprender mucho de ellos en cuanto a las herramientas y técnicas que utilizan para obtener los datos de sus clientes. Otra tendencia clave que esperamos que continúe es la aparición de entidades que permitan obtener un mayor conocimiento de los clientes para centralizar y estandarizar los datos del sector en su conjunto.

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